Estaba parado al lado de su Cadillac negro, que apenas se veía en la oscuridad. Sólo los rayos me dejaban verle con claridad. Mi corazón se paró, dejé de respirar, la sangre dejó de fluir por mis venas y dejé de prestar atención a la lluvia, a los rayos, a los truenos y a la voz de Adam a mi espalda.
Tom dejó de mirarme para observar a Adam con una ceja alzada. Éste último se calló de inmediato en cuanto se percató de la presencia de Tom.
Sólo se escuchaba el inmenso ruido que hacía la lluvia al caer sobre el suelo. Tom seguía mirando a Adam sin ningún pudor. La tensión se palpaba en el ambiente haciendo que nadie dijera nada.
La cabeza me daba vueltas, la vista se me nubló y mis piernas dejaron de sujetarme. Caí al suelo de rodillas. Tom dio un paso al frente para ayudarme pero paró al instante en cuanto vio como Adam se agachaba a mi lado.
-¿Estás bien?- Pasó su brazo por mi cintura levantándome con cuidado. No podía mantenerme en pie ni un segundo sin caer de nuevo.
Tom permanecía quieto. No se movía ni un ápice cada vez que me veía caer. Su mirada seguía fija en todo movimiento que hacía Adam. Lo miraba con el entrecejo fruncido.
-Te meteré dentro, estás empapada.
-No. Nos vamos a casa.- Tom habló por primera vez. Su voz era neutral sin mostrar ningún estado de ánimo. Con la poca luz que había y encima sin verle muy bien debido a lo mal que me encontraba, no sabía si estaba enfadado o algo así.
-¡No puede moverse!- Adam le gritó. Se dio la vuelta para entrar en el portal cuando Tom se paró en frente de nosotros a una velocidad inimaginable. La tenue luz que alumbraba la puerta me dejó ver como los ojos de Tom se volvían de un rojo intenso.
-Dámela.- Le ordenó. Sentí como Adam me apretaba más a su cuerpo. Mi cabeza dio contra su pecho, escuchando los latidos acelerados de su corazón. Cerré los ojos. Las fuerzas me fañaban.
-No.- Su voz temblaba. No sabía exactamente las consecuencias que le traería negarse a las ordenes de Tom.- No pienso dejar que la conviertas en un monstruo como tú.- Abrí los ojos de golpe al escuchar a Adam. Levanté la cabeza y le observé. Adam miraba a Tom con desafío y con la mirada fija en sus ojos.
-Lamento desilusionarte pero ya es demasiado tarde.- Se estaba riendo de él. ¿Adam sabía lo que éramos?
-Enhorabuena. Has destrozado otra vida, Kaulitz.- Adam dejó de agarrarme haciendo que mi cuerpo cayera al suelo de nuevo. Levanté la vista y vi a Adam a unos cuatro metros de mí llevándose la mano a la mejilla.
Cuando quise darme cuenta, estaba en los brazos de Tom. Estaba empapado al igual que yo. En otro momento, le hubiera gritado por haberle pegado a Adam pero ahora no me encontraba con ganas.
Me puso con cuidado en el asiento del copiloto y cerró la puerta. La lluvia me impedía ver dónde estaba Adam. Tom entró cerrando la puerta con fuerza. Sus ojos seguían rojos y sus colmillos fuera. Verlo así daba auténtico miedo. Jamás pensé que una persona, si podía llamarlo así, provocara esa sensación. Me hacía sentir tan pequeña cada vez que me miraba.
El coche arrancó y mi cabeza se dio contra el cabecero del asiento. Por la fuerza con la que las gotas golpeaban la luna del coche, supuse que íbamos muy deprisa. La calefacción estaba encendida para que nos sacáramos aunque yo no pudiera sentir nada en estos momentos.
Su cabeza se giró en mi dirección. Sus ojos se habían vuelto azul claro casi blancos y los abría desmesuradamente. Nunca lo había visto así por lo que en ese momento deseé salir del coche. Nos detuvimos con un golpe seco. Sus ojos estaban fijos en mis piernas. Dirigí yo también mi vista hacia ellas, viendo como se volvía a deslizar la sangre por ellas.
-¿Qué coño has hecho?- Su voz sonaba desesperada. El coche frenó con un golpe seco.- ¡¿Qué coño has hecho?!- Su grito hizo que me sobresaltase.
-Na...nada.- Me pegaba todo lo que podía a la puerta del coche. Quería salir de allí. Tenía miedo.
-¡¿Cómo que nada?!- Me agarró del brazo llevándome hacia él.- ¡Has dejado que el gilipollas de Adam te folle!- Estaba muy enfadado y me estaba empezando a hacer daño.
Empecé a llorar como una niña pequeña. Sentía como por mis piernas corría aquel fluido rojo por el que hacía unos meses perdía la cabeza.
Me soltó repentinamente. Sus ojos se movían por muy ligeros con la mirada perdida en algún punto. Aproveché su despiste para salir como pude del coche. No podía permanecer un segundo más con él. Apenas podía dar un paso sin tambalearme pero no podía parar.
Oí como la puerta del coche se abrió y cerró fuertemente. Corría sin saber dónde. No veía nada con tanta oscuridad. La lluvia me golpeaba la cara con fuerza. Choqué contra algo duro que hizo que me cayera de espaldas al suelo. Las muñecas se elevaron por encima de mi cabeza presionadas sobre el suelo fangoso. Abrí los ojos y vi como Tom estaba a cuatro patos sobre mí haciendo presión sobre mis muñecas. Sólo los rayos que caían cada pocos segundos me dejaron observarle y ver el lugar en donde estábamos. Había árboles a nuestro alrededor y al otro lado el lago que había visto desde la terraza de Adam.
-Tienes una extraña manía por huir.- Sus ojos estaban fijos en mi cuello.- ¡¿Por qué lo has hecho?!- Las muñecas se me estaban empezando a quedar dormidas y el agua me estaba empezando a calar la ropa.
-¡Por ti!- Su agarré se aflojó en cuanto mencioné esas palabras. Mis lágrimas se camuflaban entre las gotas de agua que caían a nuestro alrededor.
Su rostro se acercaba peligrosamente hacia el mío. Sus ojos no habían cambiado de tonalidad y sus colmillos ahora estaban a mi vista. Cada vez podía ver con más precisión la perfección de su rostro. Jamás lo había tenido tan cerca y la sensación no era, para nada, desagradable.
No recuerdo nada de lo que pasó después. Sólo sentí como mi cuerpo era consumido por un fuego abrasador que recorría cada centímetro de mi organismo y como mi corazón dejaba de latir, mi respiración se volvía entrecortada y mi boca se llenaba del mejor sabor que había experimentado nunca.
Al fin y al cabo, el infierno no era tan malo después de todo.


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